Manuel Villaplana

Un hombre en busca del conocimiento y el amor

El Ayuno y la Primavera

Mi primer contacto con el ayuno fue hace diez años, en Canarias, y me sorprendió grandemente.


Se trataba de una familia de comerciantes árabes que, por motivos religiosos, estaban todo el día sin tomar nada. Fue para mi una postura extraña e incomprensible, como imagina lo será para cualquiera de los lectores de este periódico no iniciados en estos temas. El ayuno ha sido mantenido desde la antigüedad por motivos higiénico-religiosos en los países musulmanes. En los católicos y cristianos, en general, ha sido prostituido por las bulas compradas con dinero. Hoy ya no es un elemento corriente en la vida de los occidentales.


Sin embargo, el ayuno existe por todas partes en la naturaleza. En el ayuno del animal que pasa hambre a la fuerza y en el del que está enfermo o también en el del que reposa en su sueño invernal. Incluso en las plantas que repliegan su savia en el invierno. El hombre, al perder el contacto profundo con la naturaleza y sus leyes, ha perdido el conocimiento instintivo y práctico que le permitía navegar entre la salud y la enfermedad.


Por eso aprovechando que estamos en primavera, he querido hablarles del ayuno.

En general, el ayuno se da espontáneamente en el invierno, pero en el hombre, debido a su falta de adaptación natural al frío y por otros motivos de su fisiología y psiquismo, puede disfrutar de sus beneficios óptimamente en primavera.


Naturalmente podemos realizar ayunos de 24 horas a lo largo de todo el año, bien cada semana o según otros períodos elegidos. Este ayuno corto realizará en nuestro organismo unos efectos desintoxicantes, y de descanso, amén de prepararnos para ayunos más largos.


¿Quién puede ayunar?


Puede hacerlo cualquier persona sana o al menos no muy grave, por períodos breves. Ahora bien, para períodos largos, más o menos de una semana o bien en los casos en que se pretende corregir una enfermedad o deficiencia, es necesario que esté asistido de un experto higienista, naturópata o médico naturista o bien se realice en un centro especializado.

¿Qué es exactamente el ayuno?


El ayuno es la ausencia de ingestión alimenticia, con la salvedad del agua pura, para permitir que la energía del organismo, al estar en pleno descanso, al no absorber alimentos externos, se dedique a desintoxicar el organismo y a regenerar nuestra energía. Aumentarán así, pues, nuestra salud y nuestro capital energético. Para comprender bien esto, deberíamos saber antes que la comida no es exactamente una fuente de energía para nosotros, sino únicamente un acto de introducción en nuestro organismo de sustancias terrestres (los alimentos) que nos permitirán seguir con nuestra estructura, peso y actividad física, gastando dichas sustancias externas. Pero en ningún caso nos aportan la más importante energía vital; al contrario, tenemos que gastar mucha de ella para poder asimilarlos a nuestro organismo, ya que son sustancias intoxicantes y extrañas.

¿Para qué sirve, pues, el ayuno?


El ayuno sirve así para descansar el organismo antes de lanzarlo a la actividad en la primavera, para desintoxicar de venenos y toxinas nuestra sangre, tejidos y órganos fatigados de las “porquerías” que comemos continuamente. Para revitalizarnos al haber reposado y para que el cuerpo (el más sabio médico del mundo) pueda corregir él mismo todos los desastres que hemos hecho nosotros con él (comer en exceso, acostarnos tarde, tabaco, alcohol, alimentos artificiales, vida sedentaria, etcétera). Sirve o puede servir, pues, para curar muchísimas enfermedades, como hepatitis, artritis y reumatismos, obesidad o delgadez, tumores, sinusitis, psoriasis, eczemas y un largo etcétera.

¿Cómo entrar en el ayuno?


No existen reglas fijas; dependerá del estado particular de salud mental de cada persona. Como norma general es recomendable, si usted no es vegetariano o naturista o no se encuentra muy sano, que siga una serie de etapas de adaptación progresivas que le peritan pasar de una dieta más o menos normal al ayuno. Para ello es conveniente que sigan los consejos de un experto o que vayan a algún centro de ayuno.

Si se entra, pues, en el ayuno por sucesivas etapas y sale de él por el mismo método lento y progresivo, no hay ningún peligro en realizarlo.